Mariano José de Larra y Sánchez de
Castro (Madrid, 24 de marzo de 1809 – Madrid,13 de febrero de 1837) fue un
escritor, periodista y político español y uno de los más importantes exponentes
del romanticismo español.
Tras el temprano suicidio de Larra a
los 27 años de edad, José Zorrilla lee en su entierro una elegía con la que se
da a conocer.
El padre, que era médico, se
distinguió como afrancesado, ocupando el puesto de cirujano militar en el
ejército josefino, durante la Guerra de la Independencia, por lo que en 1813,
cuando el futuro autor tenía cuatro años, su familia tuvo que abandonar el país
siguiendo al rey José I Bonaparte y exiliarse, primero en Burdeos y después en
París.
En 1824 se instaló en Valladolid para estudiar
en la Universidad. Aunque no se presentó a ningún examen ese curso, en octubre
de 1825 aprobó todas las asignaturas. La causa de su no presencia en los
exámenes puede deberse a un «acontecimiento misterioso» que alteró su carácter
completamente. Posteriormente se ha afirmado que se enamoró de una mujer mucho
mayor que él, que resultó ser la amante de su padre. Tras asistir a los
exámenes de octubre, dejó los estudios de Valladolid y volvió a Madrid (1825).
Prosigue sus estudios y en 1827
ingresa en los Voluntarios Realistas, cuerpo paramilitar formado por fervientes
absolutistas, significados por su participación en la represión contra los
liberales. Al tiempo empieza a escribir poesía, fundamentalmente odas y
sátiras.
En 1832 vuelve al periodismo de
crítica social con El Pobrecito Hablador, en el cual escribió con el seudónimo
de Juan Pérez de Munguía. En El Pobrecito, Larra muestra la ilusión ilustrada y
progresista de que es posible superar, con la esperanza en el mañana, el
castellanismo viejo de un patriotismo anquilosado en el pasado. El Pobrecito
Hablador cesa de publicarse en marzo de 1833, varios meses después de que Larra
comenzase a colaborar con La Revista Española, periódico de orientación liberal
que había nacido en noviembre de 1832, aprovechando que la enfermedad del rey
había dejado el gobierno en manos de la reina María Cristina, abriendo las
esperanzas de losliberales. Con el seudónimo de Fígaro, insertaría crítica
literaria y política dentro de cuadros costumbristas, al amparo de la
relajación auspiciada por la muerte de Fernando VII. Se harán famosos artículos
como Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre qué gentes estamos,
Ya anochecido el 13 de febrero de
1837 Dolores Armijo, acompañada de su cuñada, le visita en su casa del tercer
piso de la calle Santa Clara nº 3, comunicándole que no había ninguna
posibilidad de acuerdo. Apenas habían salido las dos mujeres de la casa, se
suicidó de un pistoletazo en la sien derecha. Tenía veintisiete años.
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